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miércoles, 20 de julio de 2011

Mi ser social me lleva a la fiesta de Eli

No voy sola a la fiesta de Eli, voy con mi ser social. Cuando Eli nos invitó a una fiesta virtual sobre la amistad no lo dudé ni un minuto. Tenía que ir. Pero no iba por celebrar el día de la Amistad (que, según he visto en la red, se celebra en fechas diferentes en diferentes sitios y cuya celebración ha sido muy discutida), sino porque era la fiesta de Eli. Cuando empecé este blog, el 3 de abril, apenas sabía lo que era un blog, qué era 'seguir', qué era una 'blogger', no sabía casi nada. El día del libro, veinte días después, cuando visité a Lalole Blog, leí algo de una fiesta virtual en Zapallos en Almíbar e hice todo lo que allí se decía que había que hacer para participar. Ese día recibí tres o cuatro visitas de 'amigas', entre ellas, Eli, la anfitriona. Empecé a leer sus perfiles. Con algunas encontraba muchas cosas comunes, con otras muy pocas. Y entonces empecé a interesarme por las visitas que recibía, por quiénes eran, qué entradas comentaban (eso mostraba sus gustos), y empecé a imaginarme sus vidas. ¿Qué edad tendrían? ¿Qué las habría motivado a empezar un blog? Observé que cuando te siguen o te comentan, la seguida o comentada suele responder siguiendo o comentando. ¿Se sentían comprometidas? ¿Pagaban algún tipo de favor? Pero algo estaba pasando porque, cuando recibía algún comentario yo también iba a los blogs y solía comentar ¿Me sentía comprometida? En cierta forma sí, pero de la forma en que compromete el que alguien te haya dedicado dos minutos de su tiempo y sientes que empiezas a existir para esa persona. Cada vez comento más, aunque no me comenten. Y sólo comento cuando me interesa la entrada. Pero cuando lo hago creo que, realmente, alguien está escuchando y se siente escuchada. Y eso me hace sentir bien. ¿Quién es el responsable de ese cambio paulatino en mí? No hay duda, mi ser social. El mismo que hace que salude cuando me saludan, que sonría cuando me sonríen, que me guste la gente que me sonríe y me saluda. El mismo ser social que hace que los bebés muy pequeños respondan con una sonrisa a todo objeto (o representación de objeto) que tiene dos ojos. Reconocer a nuestros congéneres es una necesidad biológica para poder sobrevivir, hace que el cuerpo responda con alegría y favorece la cooperación. 
Aquella fiesta de Eli me abrió las puertas a la amistad virtual, desconocida para mí hasta ese momento, por eso hoy mi ser social y yo estamos encantados de volver. Neuquén está muy lejos (ya lo he consultado), pero Eli y todas las amigas están muy cerca o, al menos, así las siento. Pues va a ser que sí voy a la fiesta para celebrar la amistad..., y yo sin saberlo.
Como a toda fiesta que voy, no me presento con las manos vacías. ¿Llevaré...? algo de beber, algo de comer y algo para oler:


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http://www.delejos.com/ecuador/arreglos/tres-docenas-de-rosas-bouquet-blancas