Fue un regalo de boda que recibieron mis padres en los años 50. El cuero recubre una tablilla fina de madera. La parte de atrás es de cartón. Había sido intervenido en varias ocasiones. Varias capas de barniz tapaban el cuero. Había perdido la pata original en la que se apoyaba y ahora tenía un alambre que cruzaba el cartón agujereado.
Así lo encontré, lo desmonté y lo fotografié para pedirles ayuda y consejos para darle vida. Una vida con aspecto distinto del que tuvo, una vida nueva.
Hace justo un año que se los mostré (me sorprendí al darme cuenta). ¡Cuánto he tardado! En aquel momento les contaba que lo quería poner en el comedor y hasta mostré la lámina que iría. Pueden verlo aquí.
Seguí los consejos que me dieron y lo pinté con pinturas acrílicas en blanco roto, lo envejecí con un poco de betún de judea y terminé con una pátina de color plata. Pero, una vez terminado, no me gustaba cómo combinaba la lámina ni me gustaba en aquella habitación. Y lo guardé. Y, hace un par de semanas, de repente lo vi, vi como lo quería y este es el resultado justo un año después.
La lámina la tomé del Pinterest de Eli de Zapallos en almíbar quien lo había pineado de Vintage Rose Garden.
La imprimí en un transfer y la pasé a una tela de cuadritos negros. Aunque el transfer servía (teóricamente) para telas de color, en este caso se traspasan los cuadritos, pero no me resulta feo. Me gustó el resultado.
